Que Es La Escuela Sofista?

Que Es La Escuela Sofista
Se enfocaban en el relativismo, la naturaleza, creación de leyes, la moralidad, conocimiento del lenguaje, la concepción gnoseológica constructivista y el escepticismo respecto al valor absoluto del conocimiento. Su filosofía se conoce a través de fragmentos y testimonios de Platón, Aristóteles y Flavio Filostrato.

¿Qué son los sofistas resumen?

El término sofista procede del vocablo latino sophista, aunque su origen etimológico más lejano se halla en la lengua griega. Se conoce como sofista al experto en retórica que, en la Antigua Grecia, se dedicaba a la enseñanza del sentido de las palabras. Que Es La Escuela Sofista Un sofista podía ser un sabio que transmitía sus conocimientos.

¿Cómo se llama la escuela de los sofistas?

Sofista es un termino derivado de sophia (‘sabiduría’), y designa por tanto al ingenioso y al gobernante práctico, a los poetas y a los educadores.

¿Que nos enseña los sofistas?

La paideia sofística se destaca por aspectos como la enseñanza de la retórica, que pone el énfasis en el lenguaje, pero lo relevante de su concepción educativa es su finalidad, a saber, la formación política del ciudadano.

¿Qué defendían los sofistas?

Sofistas Los sofistas pertenecen a una escuela filosófica en la Grecia Antigua. Sus representantes más destacados fueron Protágoras, Gorgias, Pródico y otros (siglo V antes de nuestra era). En algunos problemas, los sofistas oscilan entre el materialismo y el idealismo, pero en general su filosofía se distingue por su subjetivismo y la negación de la verdad objetiva.

  • Protágoras enseñaba que «el hombre es la medida de todas las cosas».
  • Gorgias defendía tres tesis: 1) nada existe; 2) si algo existiera sería inconcebible para el hombre; 3) si fuera concebible, tampoco se podría transmitir o explicar a los demás.
  • Los sofistas actuaban como maestros de elocuencia y del arte de vencer al adversario en la disputa refutando sus argumentos, sin tener en cuenta quién estuviese en la posesión de la verdad.

Esto dio también a la (ver) un sentido nominal de hábil juego de palabras, de un filosofar retórico, justo en apariencia, pero esencialmente falso. · 1946:285 (del griego,σοφιστής, «sabio».) Así se llamaban los filósofos griegos que en el siglo V a.n.e.

  1. Eran maestros de «sabiduría» y de elocuencia.
  2. Los sofistas no formaban una escuela unida.
  3. Lo único que tenían de común era la negación de la religión, una explicación racionalista de los fenómenos de la naturaleza, un relativismo ético y social.
  4. El grupo principal de los sofistas (los «primogénitos») era partidario de la democracia esclavista y tenían, en general, una concepción materialista de la naturaleza.

Protágoras, Hipías, Pródico, Antifón fueron los primeros educadores enciclopédicos de la antigüedad. Se interesaron especialmente en la gnoseología. Protágoras enseñaba que todas las cosas fluyen y que la sensación es la única fuente del conocimiento. El hombre, decía, «es la medida de todas las cosas».

  1. Algunos sofistas llegaban a conclusiones escépticas acerca del ser y del conocimiento.
  2. Así, Gorgias sostenía las tres tesis siguientes: 1) nada existe; 2) si alguna cosa existe, no podemos conocerla; 3) aun si pudiéramos conocerla, no podríamos hacerla conocer a los demás.
  3. Los sofistas del campo aristocrático, Critias e Hipódamo, se inclinaban a la filosofía idealista.

La sofística es el conjunto de procedimientos empleados sobre todo durante el siglo IV a.n.e. por los sofistas, que se transformaron, según la expresión de Aristóteles, en maestros de la «sabiduría imaginaria». · 1959:475 (del griego σοφιστής: maestro, artista).

Así se denominaba, en la antigua Grecia, a los filósofos que actuaban como maestros profesionales de «sabiduría» y de «elocuencia» (siglo V a.n.e.). Los sofistas no constituían una escuela única. Sus concepciones tenían de común la renuncia a la religión, la explicación racionalista de los fenómenos de la naturaleza, el relativismo ético y social.

El grupo más importante de sofistas (los sofistas «viejos») se situaban al lado de la democracia esclavista. En general su concepción de la naturaleza era materialista. Los representantes de este grupo – Protágoras, Hipias, Pródico) Antifón– fueron los primeros enciclopedistas de la Antigüedad clásica.

Investigaron sobre todos los problemas del conocimiento. Algunos sofistas llegaban a establecer conclusiones escépticas respecto al ser y a su cognición ( Gorgias ). Los sofistas pertenecientes al campo aristocrático –Critias, Hipodamo– tendían al idealismo filosófico. En la discusión, los sofistas recurrían a procedimientos que, más tarde, recibieron el nombre de sofística,

Esta tendencia adquirió singular relieve entre los sofistas tardíos (siglo IV a.n.e.), que se convirtieron en maestros de «pseudo sabiduría» (Aristóteles). · 1965:436 (griego sophistes : artífice, sabio.) Se llamaba así a los filósofos antiguos griegos, que desempeñaban el papel de maestros profesionales de «sabiduría» y «elocuencia» (siglo 5 a.n.e.).

Los sofistas no constituían una escuela. Lo común en sus criterios es la renuncia a la religión, la explicación racionalista de los fenómenos de la naturaleza y el relativismo ético y social. El grupo fundamental de sofistas (sofistas «mayores») se pronunciaba de parte de la democracia esclavista. Le es característica la comprensión materialista en general de la naturaleza.

Los representantes de este grupo – Protágoras, Hipias, Pródico, Antifón– fueron los primeros ilustrados enciclopedistas de la Grecia Antigua. Centraban su atención en los problemas del conocimiento. Algunos sofistas llegaban a conclusiones escépticas sobre el ser y su conocimiento ( Gorgias ).

Los sofistas del campo aristocrático –Critio, Hipodamo– se inclinaban al idealismo filosófico. En la discusión los sofistas recurrían a los procedimientos más tarde denominados sofística, Esta tendencia se manifestó con particular realce en las concepciones de los sofistas posteriores (siglo 4 a.n.e.), que, según Aristóteles, se convirtieron en maestros de una «sabiduría falsa».

· 1984:407   : Sofistas

¿Cuáles fueron los 3 sofistas más importantes?

Los principales sofistas anteriores a Sócrates son Protágoras de Abdera y Gorgias Leontino. Tienen ambos al hombre por medida de cuanto pueda concebirse o ser observado. No pocas escuelas filosóficas modernas proceden de Protágoras y de Gorgias.

¿Quién fue el primer sofista?

sofistas

Sofistas (2)
Protágoras (480-410 a.C.),cidadão de Abedera, como o Demócrito (atomista).É o mais conhecido entre todos os sofistas. No tempo de Péricles desfrutou de uma enorme influência em Atenas. Ocupou-se da gramática e da linguagem. Duvidava da possibilidade do homem atingir um conhecimento universal, caíndo numa posição relativista (tudo não passam de convenções). Foi expulso de Atenas acusado de ser ateu, e o seu livro- Sobre os Deuses- foi queimado. Conceitos fundamentais da sua filosofia:

  • 1. A relatividade do conhecimento ( O Homem é a medida de todas as coisas);
  • 2.A Identidade do Verdadeiro e do Falso;
  • 3.Valor prático da sabedoria e a importância da educação;

4. Agnosticismo teológico ( a impossibilidade de saberes se os deuses existem ou não, assim como de tudo o que lhes diga respeito).

Protágoras fue el primer sofista del que tenemos noticia. Nació en Abdera, en la costa N del Mar Egeo, aproximadamente en el año 490 a.deC. y vivió en Atenas y Sicilia. En Atenas, lugar donde adquirió una gran fama, se hizo amigo de Pericles y se dedicó a la enseñanza basada en el arte del discurso persuasivo, ejercitando a los jóvenes en las técnicas de argüir a favor de las dos caras de un mismo argumento. Entre sus labores profesionales se le encomendó la elaboración de un código penal para Turios. Entre sus obras se encuentran:

  1. Sobre la verdad, llamada también Discursos demoledores, que comienza con su famosa declaración del hombre como medida.
  2. Antilogías o Argumentos contrarios
  3. Sobre los dioses

Sin embargo, la dificultad principal de conocer sus principios filosóficos estriba en que las fuentes de conocimiento sobre Protágoras provienen de sus mayores oponentes: Platón y Aristóteles. De vuelta a su tierra natal, Protágoras murió ahogado en un naufragio después de ser desterrado de Atenas, donde fue juzgado por impiedad (fundamentalmente por su agnosticismo sobre la creencia en los dioses).

Protágoras defendió un relativismo del conocimiento y de los valores, esto es, negó que existieran valores y verdades universales para todos los hombres. «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son» No hay verdades objetivas, absolutas y universales, sino que las cosas son tal y como son percibidas por cada uno de nosotros. Este relativismo se aplica a todos los ámbitos de nuestra existencia. Por ejemplo, lo que para una persona sana es un sabor agradable, para un enfermo es amargo. ¿está confundida la persona enferma? Protágoras dirá que para él, en su situación, la verdad es que el sabor es amargo. El relativismo impide establecer un criterio de verdad, teniendo todas las opiniones la misma validez. Esto nos lleva a poder permitirnos defender tesis contrarias al mismo tiempo, tecnica en la que el filósofo destacó con maestría y que fue duramente criticada por Platón y Aristóteles. Sin embargo, según Guthrie, Protágoras difuminó la radicalidad de este criterio hacia una postura utilitarista : aunque todas las opiniones particulares tengan la misma validez, algunas son más ventajosas que otras. En el caso mencionado anteriormente, es ventajoso para el enfermo volver a reestablecer el sabor que tenían los alimentos antes de la enfermedad. El relativismo de los valores implica que una misma cosa o acción puede ser buena para un sujeto y mala para otro. Es más, una acción puede ser mala o buena para un mismo sujeto dependiendo de cada circunstancia, y en la medida en que él lo crea así.

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Nómos significa ley moral y política, ya sea en forma de usos y costumbres recibidas de la tradición, como en forma de leyes formales y normas obligatorias que codifican la vida en comunidad y que son respaldadas por la autoridad del estado. Con el término physis los griegos denominaban a la naturaleza como principio que no depende de los aconteceres humanos. La naturaleza se rige por leyes universales y permanentes. En el siglo V los términos nómos y physis, lo artificial y lo natural, eran considerados opuestos y mutuamente excluyentes. La leyes de los hombres son fruto de un pacto, de un consenso humano y no fruto de un principio divino. Las leyes no son principios innatos, sino adquiridos con esfuerzo. Los nómoi nos permiten vivir en comunidad y diferenciarnos de las bestias que viven en un contínuo estado de conflicto y agresión. En este sentido, la concepción del nómoi como opuesto a la naturaleza implica la aceptación de la idea de progreso de la humanidad, que, con su inteligencia, se ha levantado a sí misma con su propio esfuerzo. Pues bien, aunque la ley sea meramente convencional y, por tanto, modificable, Protágoras defiende que hay que mantener las leyes que ya se poseen, si estas parecen buenas a la mayoría. La vida en comunidad es necesaria para la supervivencia de la especie humana y, sin leyes, nos veríamos abocados a vivir en un estado de naturaleza. Protágoras fue acusado de impiedad y obligado a dejar Atenas por ese motivo. En un escrito suyo «Sobre los dioses», el sofista niega la posibilidad de un conocimiento de la realidad que vaya más allá de las apariencias sensibles: De los dioses no puedo saber ni que son, ni que no son, ni qué aspecto tienen; pues múltiple es lo que me impide saber: tanto la no patencia (de lo ente mismo), como el ser breve de la vida del hombre.

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Protágoras criticó las supersticiones y los ritos religiosos de su tiempo, pero mantuvo siempre una postura agnóstica y escéptica, no atea.

/td> Górgias (c.485-410 a.C.), cidadão de Leontinos, na Sicília, era para Platão a personificação da Retórica, sendo aliás apontado como o seu criador. Foi um dos membros que a cidade de Leontinos enviou durante a guerra do Poloponeso a Atenas, solicitando que esta se envolvesse na defesa das suas posições (Tucidides, III, 86).Terminada a Guerra viajou de cidade em cidade, acompanhado pelo seus discipulos, ensinando a arte de fazer discursos (Retórica). Na sua obra – Da Natureza, ou seja do Não-Ser -, defende a inexistência de qualquer critério absoluto para o conhecimento e a comunicação, com base em três princípios fundamentais: 1. Nada Existe; 2. O que existe é inconcebível; 3. O conhecimento é incomunicável. Com estes princípios pretende negar a possibilidade de se encontrar ou nomear um ser objectivo. O homem está a sim condenado a enredado em palavras e opiniões sobre as coisas.

Gorgias pertenece a la primera generación de sofistas. Contemporáneo de Protágoras, nació en Leontinos (Sicilia) aproximadamente en el 490 a.de C. y murió sobrepasando los cien años de edad (aprox. en el 380 a.de C.). Gran viajero, y supuesto alumno de Empédocles (también siciliano) Gorgias trabajó en muchas ciudades griegas, hasta que se instala en Atenas en el 427 como jefe de una embajada de su ciudad, cuando tenía ya 60 años. Entre sus obras escritas destacan:

  • manuales de retórica: Encomio a Helena y Defensa de Palamedes
  • Numerosos discursos políticos, epidícticos, etc.: Oración fúnebre, Discurso Olímpico
  • Escribió también un tratado llamado Sobre la naturaleza o Sobre el no-ser

Fue un orador famoso y sutil. Se dedicó fundamentalmente a enseñar el arte de la retórica como el camino más adecuado para acceder al poder. Compartió el presupuesto básico de la filosofía de protágoras: el relativismo, Nos movemos en el mundo de la mera opinión, siendo la verdad para cada uno de nosotros aquello que nos persuade como tal. La retórica es la técnica de la persuasión, y el sofista, el maestro de la opinión.

Sexto Empírico (finales del siglo II d.C.) recoge en un escrito las tres tesis de Gorgias que desafiaban las tesis eleatas de la existencia de un ser único e inmutable. Las tres tesis son las siguientes:

  1. 1. nada es (existe)
  2. 2. Si algo existiera, sería incognoscible
  3. 3. Si fuera conocible, sería incomunicable

Veamos cómo se desarrollan:

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1. Nada es 1.1. El Ser es, pero la Nada no es 1.1.1. El no-ser no es. Si fuera algo, caeríamos en la contradicción de decir que lo que no-es, es y no es al mismo tiempo.1.1.2. El ser, si existe, o es engendrado o es sin principio (siempre). – Si es ingénito, sería incondicionado, por lo que carecería de determinación y, por lo tanto, no sería. Además, si es ingénito, sería ilimitado, infinito e inmóvil. Pero todo lo que es ha de ser en alguna parte, por lo que tendría que haber algo mayor que lo abarcara, mayor que lo ilimitado mismo. Por lo tanto, lo ilimitado no es. -Si es generado, entonces habrá surgido de lo que es o de lo que no es. De lo que es, no puede haber nacido, pues ya sería. Y de lo que no es tampoco puede haber surgido, pues la nada no es origen de nada. CONCLUSIÓN: el ser no existe.2. Si el ser fuera, no podría ser conocido o pensado 2.1. Si el ser es cognoscible, o es idéntico o es distinto al pensar.

  • – Siendo idéntico, el ser sería incognoscible, porque todo lo pensable tendría que ser, y existirían cosas totalmente absurdas e inverosímiles, por ejemplo, un caballo con alas.
  • – Si es distinto, también sería incognoscible, porque implicaría que el pensar es un no-ser, siendo imposible conocer el ser a partir del no-ser.
  • CONCLUSIÓN: si el ser existiera, sería impensable.

3. Si el ser fuera cognoscible, sería incomunicable 3.1. La palabra, como instrumento de comunicación, es idéntica o distinta al pensar. – La palabra no es la cosa ni es el conocimiento de la cosa. CONCLUSIÓN: si el ser fuera conocible, sería incomunicable. Las tesis gorgianas conducen a un escepticismo radical, a un nihilismo del ser, el pensar y el decir. Nuestro conocimiento no puede alcanzar ni comunicar la verdad, dispersándose en la mera presencia cambiante de las cosas y de los aconteceres. Verdad es ahora presencia, opinión, parecer. Y la retórica es la técnica que posibilita que la opinión de uno triunfe sobre la de los demás. Es este oportunismo el que le fue duramente criticado a Gorgias.

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Elena Diez de la Cortina Montemayor

/td> Hípias

La mayor fuente de conocimiento sobre este sofista procede de Platón. Perteneciente a la primera generación de sofistas, Hipias nació en Élide, y viajó a numerosas ciudades dorias, sobre todo a Esparta y Sicilia. Hijo de Diopites y contemporáneo de Sócrates, se le atribuye un carácter agrio y una descomunal memoria, sobre la que investigó creando varios sistemas mnemotécnicos. Sus enseñanzas abarcaron una amplia gama de saberes: matemáticas, geometría, astronomía, historia, poesía y filosofía. Su gran obra Synagogé, era un enorme compendio de saberes, tanto de origen griego como bárbaro, que fue escribiendo a lo largo de su vida: escritos matemáticos, tragedias, ditirambos, discursos, etc. Este prolífico autor aceptó la distinción entre physis y nómos propia de la sofística, y defendió a la naturaleza frente a los nómoi, sin optar, por ello, por una postura egoísta. Su defensa altruista de la naturaleza, frente al nómos, dio origen a la idea de la unidad de la especie humana : por naturaleza somos iguales. Son los nómoi, las convenciones sociales, los causantes de las distinciones por raza, riqueza, nacimiento o status social. Las leyes positivas causan desigualdad entre los hombres. Las leyes son convenciones hechas por los hombres para otorgar lo que debe hacerse y lo que no. Al ser su origen un contrato social, no pueden pretender su universalidad, pudiendo ser continuamente modificadas. Hipias aceptó también la existencia de leyes divinas, que sí tienen carácter de universalidad. Estas leyes son aquellas que son aceptadas por todos los hombres de todos los países y, por lo tanto, han de tener un origen divino. Entre estas leyes encontramos el venerar a los dioses y honrar a los padres.

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Trasimaco

Nació en Calcedonia de Bitinia (colonia de Megara), en el Bósforo, aproximadamente en el año 450 a.de C. Era un excelente retórico y orador, interesado fundamentalmente por la enseñanza de la ética y la política. Conservamos un fragmento de un discurso suyo a la Asamblea Ateniense, celebrado en la última etapa de las guerras del peloponeso. Trasímaco aconseja armonía entre los partidos, y evitar que sea el ansia de poder lo que legitime sus luchas partidistas. La actualidad de este discurso es evidente. Trasímaco mantuvo una postura realista que afirmaba que la justicia es el interés del más fuerte. Las leyes son dictaminadas por los que ejercen el poder con vistas a su propio beneficio o conveniencia. La justicia es aquello que beneficia, interesa y conviene al gobierno establecido, y, por lo tanto, beneficia al más fuerte. Los Estados justifican sus abusos de poder a través de las leyes, de tal manera que en nombre de la justicia se termina justificando dicho abuso. A Trasímaco no le interesa lo que debería ser la justicia sino lo que realmente es, En este sentido, su desenmascaramiento de la hipocresía hace patente la pérdida de sentido de un ideal de justicia que vaya más allá de los egoismos e intereses particulares y mezquinos. Por lo tanto, lo que denuncia este sofista es que, debajo de todo el tejemaneje del poder nos encontramos siempre con el dominio del fuerte sobre el débil.
La muerte de Trasímaco es un enigma. Posiblemente se suicidó, pasado el año 339 a.de C.

Calicles Licofron

Nació en la ciudad jónica de Yulis, en Ceos (Cícladas), aproximadamente en el 460 (o 470) a.de C. Era más joven que Protágoras y pocos años mayor que Sócrates, muriendo después de éste. Aristófanes, en Las nubes, le llama «metereosofista», es decir, experto en astronomía, y en Las aves cuenta que Pródico fue autor de una cosmogonía. Fue un sofista educador en el arte de triunfar en la política, y un maestro del lenguaje, Sócrates mismo asistió a alguna de sus clases sobre el correcto uso del lenguaje. Platón le retrata como un hombre muy pesimista. A Pródico se le atribuye la fábula de Heracles en la encrucijada, donde se relata la dificultad de elección entre dos modos posibles de vida: uno virtuoso y otro hedonista y placentero. A Heracles se le acercan dos mujeres, la Virtud y el Vicio. La primera ofrece una vida austera, esforzada y sencilla. La segunda una agradable existencia dedicada a la ociosidad y los placeres. Pródico optará por elegir la virtud, manteniendo una postura antihedonista, Respecto a la religión, se le atribuye a este sofista una teoría naturalista sobre el origen de la religión : los hombres primitivos divinizaron los fenómenos útiles y beneficiosos para la vida: el sol, los ríos, la luna, el pan, el vino, etc. Esto permite intuir la posibilidad de que Pródico fuera un ateo, Pródico de Ceos dice: «los antiguos consideraron como dioses al sol y a la luna, a los ríos, a las fuentes y, en general a todas aquellas cosas que son útiles para nuestra vida, en la medida en que la ayudan, igual que los egipcios deifican al Nilo». Añade que por esta razón el pan fue llamado Deméter, el agua Posidón, el fuego, Hefesto, y así sucesivamente cada cosa que era útil. ( Sexto Empírico, Mat. IX, 18 ) Las unicas referencias que tenemos sobre las obras de Prodico son Sobre la naturaleza, Sobre la naturaleza del hombre y Horai.

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Fue un sofista contemporáneo de Sócrates algo más joven que Gorgias. Nació en Ramnunte, aproximadamente en el año 411 a.de C. y murió cerca del 480. Tenemos noticia de que escribió las siguientes obras : Tetralogías, Sobre la verdad y Sobre la concordia, Antifonte fue un refinado y culto intelectual que incluso ejerció labores de psicólogo en sus tiempos. Según, Antifonte tuvo en Corinto un despacho cerca del Ágora en el que anunciaba que podía curar con la palabra a todos los afligidos, de la misma manera que se hace hoy en las clínicas psiquiátricas. Según este sofista, las raices de todas las enfermedades físicas se encuentran en la mente, llegando a ser, a veces, evasiones de la vida activa. Todo ello se halla en relación con la afirmación de la necesidad del autocontrol y la moderación en la vida. Respecto al problema de la relación entre nómos y physis propio de la sofística, Antifonte fue un defensor de la physis frente al nómos, La ley es un acuerdo antinatural, artificial, que es respetado únicamente cuando tenemos miedo a las consecuencias de su violación. Las leyes no se fundan en la naturaleza, son convenciones sujetas al cambio continuo. Hay cosa buenas por naturaleza y cosas buenas por nómos. Los hombres debemos seguir los preceptos de la naturaleza antes que los de las leyes.

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La naturaleza nos empuja a evitar el dolor y buscar el placer. Cuando la búsqueda de placer choca contra las leyes, sólo se seguiran éstas si el no hacerlo nos acarrearía un dolor mayor, como castigo. La ética de Antifonte, por lo tanto, es un hedonismo moderado,

Em Construção !. Aguarda um pouco.

  1. Carlos Fontes

: sofistas

¿Cuál era la idea principal de la escuela sofista?

¿Qué es la filosofía para los sofistas? – Dentro de las ideas principales de los sofistas es que, para ellos, la filosofía debe ser una disciplina que enseñe a los discípulos las habilidades necesarias para su desarrollo en la política, es decir, enseñar el arte de la oratoria (debatir y discutir) para ser un político convincente y eficaz.

  • De esta forma, para ellos el filósofo es un profesional que ilustra y enseña a otra persona un saber preparado dentro de una enseñanza de corte pasivo, es decir, el profesor enseña e ilustra y el alumno escucha.
  • Además, su principal objetivo es el de crear buenos oradores que sepan seducir, persuadir y convencer con argucias argumentativas, aunque sea con un discurso sin sentido.

Por tanto, debemos relacionar su concepto de filosofía directamente con el contexto histórico en el que nace y se desarrolla esta corriente, en plena Grecia Clásica (S. V-IV a.C.). Compuesta por polis con una democracia asamblearia, en la cual, se reunían todos los ciudadanos para debatir sobre las cuestiones públicas de su ciudad y crear leyes.

  • De este modo, tener una retórica y un discurso sólido se convirtió en un elemento clave para influir en la toma de decisiones de la Asamblea,
  • Además, se consideraba que una de las virtudes imprescindibles de los políticos debía ser la de saber expresarse bien y transmitir sus ideas de forma convincente para convencer a sus homólogos.

En definitiva, los sofistas eran los maestros de la sabiduría ( sofía ) que enseñaban el arte de saber expresar, saber hablar y defender una idea a cambio un salario. Y es que, los sofistas fueron los primeros filósofos en recibir un honorario a cambio de sus servicios. Que Es La Escuela Sofista

¿Cuál es el método de los sofistas?

Los sofistas educaban en la areté política, que se componía de actitud intelectual y oratoria. Eran expertos en el uso de técnicas de retórica y elocuencia que, a veces, utilizaban en exhibiciones públicas de oratoria y en las que enseñaban a sus discípulos.

¿Cuál es la diferencia entre un filósofo y un sofista?

Recapitulación: filósofo vs. sofista En el diálogo que lleva su nombre el sofista parece comportar una doble alteridad, pues siendo aquel que hace siempre de otro, es, en simultáneo, lo otro del filósofo. Géneros diversos como la historia y la tragedia griegas ofrecen numerosos ejemplos de la operación por medio de la cual la otredad es construida como el margen que permite definir el centro, como el espejo invertido de lo mismo.

En ese sentido, hemos ubicado la caracterización del sofista en el marco de la legitimación y autodefinición de la filosofía como disciplina autónoma. De hecho, en un juego de simetrías y contrastes, el Extranjero advierte que buscando al sofista se ha dado con el filósofo (253c), aunque también señala que uno se parece al otro como el perro al lobo, que uno se refugia en la tiniebla del no-ser, mientras que el otro se vincula con la luminosidad del ser (254a).

A continuación, ofreceremos un balance de la primera parte de este trabajo que giró justamente en torno a la construcción del sofista y del filósofo en el marco de una red dialéctico-teatral, añadiremos algunas cuestiones que pueden formularse luego de una visión de conjunto y, por último, anticiparemos nuestro próximo objetivo que será el de ponderar el rol que cumple la alteridad que signa al sofista en el diálogo homónimo.

En el prólogo de Sofista, Sócrates advierte la dificultad de precisar quiénes son los verdaderos filósofos en una ciudad en donde estos merodean con las apariencias de políticos, de sofistas y de locos. El filósofo entonces puede aparecer como sofista, pero además, según buscamos mostrar, el sofista puede aparecer como filósofo.

La ciudad funciona como una gran escena teatral donde las multitudes proyectan apariencias engañosas y, en simultaneo, esas mismas multitudes ceden ante dichas apariencias. Ese es el gran riesgo que abre la discusión de nuestro diálogo y su desarrollo termina ofreciendo excepciones y soluciones.

En principio, a diferencia de la multitud que proyecta apariencias de manera deliberada, el Extranjero deja entrever que los diversos aspectos del filósofo se deben a la ‘ignorancia’ o ‘falta de percepción’ (ἄγνοια, 216c5) de esa misma multitud, dado que ese filósofo es un sujeto simple que busca ser y no parecer.

Asimismo, contra los espectadores que se dejan cautivar por las apariencias, el filósofo es capaz de superarlas, desatender los ropajes trágicos, y alcanzar el ἔθος del sujeto observado. Por ejemplo, al ‘contemplar’ (θεάομαι, 254b5) de forma suficiente al sofista, al recorrer el sinuoso camino que va desde lo que aparenta ser a lo que es, el filósofo –como un singular espectador de aquella gran escena teatral– es capaz de notar que, paradójicamente, la esencia de aquel solo remite a sus diversas apariencias.

Los filósofos resultan inmunes a la ἄγνοια de la multitud ya que poseen el antídoto correcto que supone un contacto diáfano con lo real, y son capaces de descubrir al sofista que se encuentra detrás de los ropajes del sabio, mientras que la joven audiencia, presa de la ignorancia e incapaz de superar las apariencias, se mantiene al nivel del personaje interpretado.

LOS SOFISTAS EN 4 MINUTOS

Ahora bien, si el filósofo es capaz de descubrir al sofista, al mismo tiempo es el único capaz de identificar a uno de su propia especie. Opaco a la mirada de la multitud que lo confunde con otros, solo un par suyo puede identificar al filósofo, dado que se encuentra a salvo de la ignorancia que causa dicha confusión.

  1. No obstante, como veremos en la segunda parte de nuestro trabajo, ese reconocimiento no se da únicamente en el plano de la percepción, sino, sobre todo, en el plano dialógico.
  2. La operación platónica supone otorgarle una visión penetrante al filósofo (visión que puede ejercerse a un nivel mundano superando apariencias, pero que está llamada a ser utilizada a un nivel metafísico donde los ojos del alma contemplan lo único que es ) y mantener al sofista preso de una ἄγνοια que lo atrapa tanto a él como a sus discípulos.

Teniendo en cuenta entonces que solo el filósofo puede reconocer a un par suyo y que el sofista comparte, a los ojos de Platón, la ignorancia de su audiencia, no resulta extraño pensar que el sabio emulado por el sofista es, en realidad, el resultado fallido de su intento de imitar al filósofo.

  • Observando a un filósofo, el sofista solo reconoce a un sabio y, al igual que el pintor que representa objetos no como son, sino como le aparecen ( Rep,
  • X 598a), el sofista termina reproduciendo la opinión que tanto él como su audiencia tienen del filósofo.
  • Platón es muy específico al hablar de la producción del sofista y, en ese sentido, incorpora el concepto de φάντασμα con el fin de poner en evidencia los rasgos distintivos de esa particular imagen que proyectada; a saber: su desatención de las proporciones del original imitado, su adecuación al punto de vista del espectador y su pretensión de usurpar el lugar del original imitado.

Es claro que, al considerar esos rasgos de la imagen que ofrece de sí el sofista, Platón tiene en mente un estilo especial de arte difundido en su época, estilo que privilegiaba la mirada del espectador y cuyos exponentes encuentra en la pintura y la escultura.

Sin embargo, hemos intentado demostrar que la disciplina artística que, para el mismo Platón, mejor ilumina el quehacer sofístico es la de la actuación teatral. El sofista imita un mundo de cosas que ya es una imitación, pero además –a diferencia del pintor, del escultor y del poeta– se convierte a sí mismo en otra imitación.

En sus discusiones privadas, ofrece εἴδωλα λεγόμενα de todas las cosas, pero sobre todo se transforma a sí mismo en un εἴδωλον; es un μιμητὴς τῶν ὄντων y, al mismo tiempo, un μιμητὴς τοῦ σοφοῦ. Leyendo de ese modo la caracterización platónica del sofista en el diálogo homónimo, es posible interpretar la serie de definiciones ofrecidas, por un lado, como diversas máscaras por medio de las cuales aquel aparece ante los interlocutores y, por el otro, como un proceso que el Extranjero y Teeteto deben atravesar para superar los ropajes teatrales y alcanzar el ἔργον al que refiere el nombre σοφιστής.

Asimismo, partiendo de la metáfora del sofista-actor, es posible solucionar los problemas implicados por la sexta definición, en la medida en que en ella el sofista emerge con la máscara de un Sócrates refutador, aludiendo así a la escena cómica, donde esa fusión entre Sócrates y el sofista se condensó, reforzó y mantuvo en la memoria de los atenienses.

A lo largo de la primera parte de este trabajo, estudiamos toda una serie de semas y variables propias del mundo actoral que Platón incorpora para reforzar una metáfora que, en lo esencial, se sostiene en lo siguiente: tanto el actor como el sofista, a través de su cuerpo y de su voz, juegan a ser otros frente a un grupo de espectadores.

  • Mientras que las diversas apariencias del filósofo se deben a la ignorancia de la multitud –dado que él es un sujeto simple que busca ser y no parecer–, el sofista proyecta intencional y perpetuamente el simulacro de otro, el sabio.
  • Por ello, el sofista es la otredad.
  • Pero al igual que el actor y a diferencia del guardián de República (a quien se le permitía imitar buenos modelos dado que estos se infiltraban en su ἔθος), el sofista no se convierte en el personaje que imita.

Su μίμησις se caracteriza por una absoluta exterioridad que se mantiene siempre al nivel del σχῆμα, del σῶμα y de la φωνή. Ahora bien, si de recursos actorales se trata, en el centro de ellos se encuentra ese cuerpo que, en simultáneo, acerca al actor y aleja al filósofo del sofista.

  • Según sugiere Nightingale, los filósofos del siglo IV suponían que la θεωρία era una actividad no-productiva, libre y noble opuesta a las actividades manuales y serviles de los artesanos, en cuyo marco podríamos situar los quehaceres sofísticos.
  • En nuestro diálogo, el sofista es incluido específicamente en la órbita de la técnica productiva, la de los agricultores y manufactureros, la de aquellos que cuidan los cuerpos y la de los imitadores (219a-b).

El sofista es presentado como un sujeto que produce con una técnica mimética, mientras que el filósofo –en una actividad no-productiva, pero activa– es aquel que adquiere o conoce por medio de la θεωρία, En el diálogo Gorgias, Sócrates sostenía que la cosmética es a la gimnasia, lo que la sofística a la legislación, debido a que los sofistas engañan con σχήματα, colores, pulimentos y vestidos con el fin de ocultarse y usurpar el lugar de la legislación ( Gorg.464a-465c).

  • Al igual que ocurre con el actor teatral, los soportes fundamentales a partir de los cuales el sofista despliega sus prodigios son el cuerpo y la voz.
  • Manipulando las fachadas del primero y emitiendo determinadas «imágenes habladas», los sofistas logran que su particular audiencia caiga seducida y persuadida.

Contrariamente, el filósofo –tal como Platón sugiere en Fedón – se aparta de los cuidados y embellecimientos del cuerpo y considera una purificación la liberación del σῶμα, una prisión para el alma ( Fed.64c-68b). El centro neurálgico de la actividad de ese filósofo es el alma, razón por la cual Sócrates sostiene que él contempla lo que debe contemplarse solo con los ojos de la ψυχή.

En suma, si el gesto esencial del sofista supone la producción mimética de apariencias inscriptas en su cuerpo, el gesto propio del filósofo supone la contemplación del ser y la verdad a través de su alma. Las apariencias proyectas por el sofista no tendrían sentido sin un público, pues así como no hay actor sin audiencia, no hay sofistas sin discípulos.

La fórmula final que presenta al sofista como un imitador del sabio solo cobra sentido si frente a él aparece un joven ávido de las enseñanzas de ese sabio. El sofista hace las veces de sabio en un espacio privado (como el actor se convierte en personaje sobre la escena teatral) con el objeto específico de conquistar la voluntad de futuros discípulos (al igual que el actor intenta cautivar a sus espectadores).

Asimismo, Platón entiende que ambas audiencias multitudinarias –la del teatro y la del sofista– se encuentran presas de una aguda ἄγνοια. Platón estaría de acuerdo con el diagnóstico del demagogo Cleón, quien habría cuestionado al pueblo ateniense por parecerse a «espectadores sentados delante de sofistas (σοφιστῶν θεαταῖς καθημένοις)» ( Tuc.

III 38, 7.), a espectadores pasivos, serviles, que no deliberan y no se comprometen con los asuntos de la ciudad. Claro está que, para Platón, existe un singular espectador que no solo está a salvo de aquella ἄγνοια, sino que además ejerce una contemplación activa.

El filósofo representa una alternativa superadora a cualquier otro tipo de contemplación, en la medida en que posee el antídoto correcto (aquel que implicaba un contacto diáfano con lo real) y se encuentra en pleno ejercicio de un ‘volverse’ (περιαγωγή, Rep. VII 521d6) del alma que nunca es unidireccional: su mirada recorre, de forma incesante, el camino que va desde el devenir hacia la esencia y viceversa.

A lo largo de esta primera parte, hemos visto que Platón gestiona metafóricamente la diferencia entre el sofista y el filósofo alrededor de dos conceptos: el de μίμησις y el de θεωρία; apuntando al filósofo y al sofista, decide tensar el arco de su definición hasta el límite del espectador y del actor.

Si bien el filósofo no es un espectador y el sofista no es un actor, ambas figuras permiten, a los ojos de Platón, no solo iluminar los gestos esenciales de sus quehaceres, sino que además, al estar inscriptas en un mismo ámbito, habilitan su contraposición. El fenómeno teatral constituyó para Platón un observatorio privilegiado del cruce de los conceptos de μίμησις y θεωρία y, en ese sentido, mientras que los filósofos emergen provistos de una θεωρία que ejercen a nivel mundano y metafísico, los sofistas permanecen atados a los mecanismos de una mala μίμησις que utilizan para aparecer como otros, es decir como los sabios que no son,

Teniendo en cuenta esa idea medular de la praxis sofística, a continuación, buscaremos iluminar la significación que, a nuestro entender, adquiere esa alteridad y esa negación en el marco general de Sofista, no sin antes preguntarnos por los objetivos generales que parecen perseguirse en esa obra tardía de Platón.

¿Qué es un sofisma y ejemplos?

Significado de Sofisma Se conoce como sofisma al argumento o raciocinio falso, formulado con la finalidad de inducir al adversario en error, En cuanto a su etimología, sofisma proviene de la palabra sofista, de origen griego sophía que significa «sabiduría» y sophos que expresa «sabios».

Sofisma puede designar a todo razonamiento erróneo pero en lógica, un sofisma se refiere específicamente a los razonamientos que aparentan ser correctos pero no lo son. Un ejemplo bastante común de sofisma es el argumento: «Todas las mujeres conducen mal». El sofisma puede ser visto como un silogismo viciado, o sea, una exposición de premisas falsas o verdaderas cuya conclusión no es adecuado que tiene la finalidad de defender algo y confundir al interlocutor.

Por ejemplo: Todos los hombres son mortales / el gato es mortal / los hombres son gatos.

Vea también,Los sinónimos de sofisma son: argucia, engaño, apariencia, falacia, falsedad, entre otros.En inglés, el término sofisma es sophism,

¿Quién creó a los sofistas?

Gorgias de Leontinos (483 – 375 a.C.).

¿Qué rechazaban los sofistas?

– La palabra sophia significaba primariamente habilidad o destreza en un oficio. Más tarde sophós pasó a designar también al que es sabio y prudente. El sofista es el que practica la sophia, Por tanto, «sofista» es sinónimo de sophós, y significa tanto hábil o diestro como sabio.

  • La educación tradicional de los jóvenes helenos ( paideia ) se basaba en aprender a leer y escribir, a sumar, restar y multiplicar, a tocar la cítara o la flauta y, sobre todo, en practicar la gimnasia.
  • Pero nadie les había enseñado la habilidad oratoria.
  • ¿Quién les enseñaría a hablar en público y a argumentar, a ganar los pleitos y quedar bien en la asamblea? Los sofistas aparecieron como profesores, como hombres que enseñaban por dinero.

¿Qué enseñaban? Enseñaban la areté política, la excelencia política, la virtud política, el conjunto de cualidades, habilidades y saberes necesarios para ser un buen político, para triunfar en la política y en los pleitos. ¿Quiénes eran los sofistas? Los sofistas eran magníficos oradores ellos mismos, hombres de muchos viajes, experiencias y lecturas, procedentes normalmente de pequeñas pólis que no ofrecían cauce suficientemente amplio a sus energías intelectuales.

  1. ¿Cómo surgieron los sofistas? Los antiguos helenos habían tenido una visión religiosa y mítica del mundo, en la cual todos los fenómenos naturales y sociales quedaban integrados.
  2. Los diversos humanos ocupaban posiciones diferentes en la vida porque así lo querían los dioses y así correspondía a su naturaleza.

Los aristócratas poseían por naturaleza la areté política, la capacidad de gobernar, y por eso a ellos correspondía gobernar. Las leyes de la pólis se remontaban a los mismos dioses, y por ello habían de ser obedecidas. Las costumbres y principios morales de los helenos eran tal y como debían ser, y como todo hombre honrado las concebía.

  1. Esta situación comenzó a cambiar en el s. -VI.
  2. Las cosmologías filosóficas ejercieron una influencia disolvente sobre las creencias religiosas de los helenos.
  3. Pronto se multiplicaron las cosmovisiones filosóficas rivales e incompatibles entre sí.
  4. Y las conclusiones a que llegaban no siempre coincidían con la experiencia.

El resultado de todo esto fue un creciente escepticismo, tanto en el ámbito religioso como filosófico. La gente empezó a pensar que no hay más realidad que la de las cosas aparentes que captamos por los sentidos y que no hay más verdad que la de las opiniones que en cada momento creemos.

La democracia, sobre todo a partir de Pericles, acostumbró a los atenienses a considerar que cada uno tiene sus opiniones y que tanto vale la opinión de uno como la del otro. El triunfo de la democracia se basaba en la negación de que unos ciudadanos fuesen por naturaleza o por familia más capaces de gobernar, más virtuosos políticamente, que otros.

Así pues, un implícito escepticismo y relativismo se encontraba ya en el ambiente de la época. Los sofistas se encargaron de hacer explícita esa actitud implícita, de articular de un modo coherente ese escepticismo y relativismo frente a creencias y valores.

Los sofistas rechazaban la religión, cuyo origen y desarrollo explicaban racionalmente. Se oponían también al dogmatismo de las doctrinas filosóficas, en especial al de los eléatas, que pretendía haber encontrado la verdad absoluta. No aceptaban la distinción entre lo que las cosas son en realidad y lo que parecen ser.

Las cosas son lo que parecen ser. No hay más realidad que la de las apariencias. Los sofistas se oponían también a la dicotomía entre saber indudable y opinión ilusoria. Todas nuestras opiniones están en el mismo plano, y todas cambian por efecto de la persuasión.

  1. El problema de los sofistas es idéntico al problema de la tradición eléata y de la tradición heraclítea, este problema es el de las relaciones entre el ser y el discurso, entre la realidad y la palabra.
  2. El sofista piensa que ser y discurso son una misma cosa ya que es la enunciación la que rige al ser, y no el ser a la enunciación.

El ser parmenídeo es trasladado al plano de la discursividad y, por tanto, pierde carácter absoluto. A partir de aquí, el sofista puede afirmar que el discurso construye la realidad. Para los sofistas, la retórica tiene todos los poderes, ya que siendo el lenguaje el mediador universal, aquel que tenga el dominio del lenguaje tendrá el poder; aquel que domina el arte del lenguaje es comparable al que domina el arte de la lucha.

La retórica es una técnica cuyo objeto es la apaté ; la apaté es el engaño, el sofista es aquel que domina la técnica del discurso, este dominio será perfecto cuando ese discurso produzca el total engaño, la total seducción. El discurso tiene un carácter de engaño no por un acto voluntario, sino que es una característica intrínseca al discurso, ya que cuando, por ejemplo, yo me refiero al libro, yo sólo emito determinados símbolos que nunca pueden ser la verdadera imagen de la cosa referida.

Partiendo de que el discurso es engañoso, lo que caracteriza al sofista es que su discurso ha de ser más persuasivo que cualquier otro, el sofista es aquel que engaña sabiendo que engaña. A pesar de que los sofistas no formaron ninguna escuela filosófica, ni realizaron ningún sistema filosófico, y de que hay sustanciales diferencias entre unos y otros, si realizamos un intento de síntesis, encontramos que comparten, por lo general, varios rasgos teóricos.

  • Los más importantes son: 1.
  • Un escepticismo tanto religioso como filosófico y gnoseológico.2.
  • La defensa de un relativismo cultural que pone en duda la existencia de patrones absolutos de conducta y, en algunos casos, se cuestionan la moralidad de la esclavitud.3.
  • Un relativismo y convencionalismo moral : a diferencia de los fenómenos de la physis, la moral es fruto de una mera convención.

A partir de esta oposición entre naturaleza y convención social, algunos de los sofistas afirman que la única ley propiamente natural es la ley del más fuerte.4. Un relativismo y convencionalismo político : los fundamentos de la polis y de la vida social no son naturales, sino convencionales, surgidos de un contrato social.5.

Lic.CC.2.5

El surgimiento de la sofísica

¿Cuáles son las principales características de los sofistas?

¿Quiénes eran los sofistas? – Los sofistas eran filósofos y maestros de la enseñanza de la sabiduría, que dominaban el arte de la oratoria y de la retórica. Surgieron en el siglo V a.C., en la Grecia clásica, concretamente en la ciudad de Atenas. Pese a considerarse en un primer momento hombres intelectuales y sabios, su discurso distaba de ser verdadero, utilizaban falacias, mentiras, para conseguir influir en la toma de decisiones del adversario.

  • De este modo, la mala reputación que tuvieron hizo que el término sofista se utilizara para referir a personas manipuladoras y farsantes, con una oratoria que se alejaba de la verdad.
  • Asimismo, tuvieron diferentes detractores, entre los que destacan, Sócrates y posteriormente Platón.
  • Debemos tener presente que en este periodo histórico, en Grecia, había establecida una democracia parlamentaria, donde se procedía a aceptar las leyes mediante el debate entre los ciudadanos.

Por esta razón, dominar la retórica era un punto clave para tener influencia en la política y lograr influir en los demás. Su discurso era persuasivo, que es el arte de convencer a alguien sobre un tema o cuestión. Gracias a las habilidades que mostraban los sofistas en el discurso, tenían un dominio destacable de la oratoria, y eso les permitió enseñar a otras personas esta aptitud y convertirse así en los primeros filósofos profesionales, en los primeros que cobraban por transmitir sus conocimientos, Que Es La Escuela Sofista

Quizás te interese: «Las 8 ramas de la Filosofía (y sus principales pensadores)»

¿Por qué surgieron los sofistas?

Los sofistas surgieron a raíz de la necesidad de los atenienses de prepararse para la vida política.

¿Que eran los sofistas y qué hacen?

Era un término bastante neutro aplicado a los profesores que enseñaban el «nuevo saber»: la literatura, la ciencia, la filosofía y, especialmente, la oratoria. Se preocuparon más de los caracteres formales de la poesía, que por sus contenidos extraliterarios.

¿Qué son los sofistas y qué características tenían?

¿Quiénes eran los sofistas? – Los sofistas eran filósofos y maestros de la enseñanza de la sabiduría, que dominaban el arte de la oratoria y de la retórica. Surgieron en el siglo V a.C., en la Grecia clásica, concretamente en la ciudad de Atenas. Pese a considerarse en un primer momento hombres intelectuales y sabios, su discurso distaba de ser verdadero, utilizaban falacias, mentiras, para conseguir influir en la toma de decisiones del adversario.

De este modo, la mala reputación que tuvieron hizo que el término sofista se utilizara para referir a personas manipuladoras y farsantes, con una oratoria que se alejaba de la verdad. Asimismo, tuvieron diferentes detractores, entre los que destacan, Sócrates y posteriormente Platón. Debemos tener presente que en este periodo histórico, en Grecia, había establecida una democracia parlamentaria, donde se procedía a aceptar las leyes mediante el debate entre los ciudadanos.

Por esta razón, dominar la retórica era un punto clave para tener influencia en la política y lograr influir en los demás. Su discurso era persuasivo, que es el arte de convencer a alguien sobre un tema o cuestión. Gracias a las habilidades que mostraban los sofistas en el discurso, tenían un dominio destacable de la oratoria, y eso les permitió enseñar a otras personas esta aptitud y convertirse así en los primeros filósofos profesionales, en los primeros que cobraban por transmitir sus conocimientos, Que Es La Escuela Sofista

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¿Qué es un sofisma y ejemplos?

Significado de Sofisma Se conoce como sofisma al argumento o raciocinio falso, formulado con la finalidad de inducir al adversario en error, En cuanto a su etimología, sofisma proviene de la palabra sofista, de origen griego sophía que significa «sabiduría» y sophos que expresa «sabios».

Sofisma puede designar a todo razonamiento erróneo pero en lógica, un sofisma se refiere específicamente a los razonamientos que aparentan ser correctos pero no lo son. Un ejemplo bastante común de sofisma es el argumento: «Todas las mujeres conducen mal». El sofisma puede ser visto como un silogismo viciado, o sea, una exposición de premisas falsas o verdaderas cuya conclusión no es adecuado que tiene la finalidad de defender algo y confundir al interlocutor.

Por ejemplo: Todos los hombres son mortales / el gato es mortal / los hombres son gatos.

Vea también,Los sinónimos de sofisma son: argucia, engaño, apariencia, falacia, falsedad, entre otros.En inglés, el término sofisma es sophism,

¿Cuál es la diferencia entre un filósofo y un sofista?

Recapitulación: filósofo vs. sofista En el diálogo que lleva su nombre el sofista parece comportar una doble alteridad, pues siendo aquel que hace siempre de otro, es, en simultáneo, lo otro del filósofo. Géneros diversos como la historia y la tragedia griegas ofrecen numerosos ejemplos de la operación por medio de la cual la otredad es construida como el margen que permite definir el centro, como el espejo invertido de lo mismo.

  1. En ese sentido, hemos ubicado la caracterización del sofista en el marco de la legitimación y autodefinición de la filosofía como disciplina autónoma.
  2. De hecho, en un juego de simetrías y contrastes, el Extranjero advierte que buscando al sofista se ha dado con el filósofo (253c), aunque también señala que uno se parece al otro como el perro al lobo, que uno se refugia en la tiniebla del no-ser, mientras que el otro se vincula con la luminosidad del ser (254a).

A continuación, ofreceremos un balance de la primera parte de este trabajo que giró justamente en torno a la construcción del sofista y del filósofo en el marco de una red dialéctico-teatral, añadiremos algunas cuestiones que pueden formularse luego de una visión de conjunto y, por último, anticiparemos nuestro próximo objetivo que será el de ponderar el rol que cumple la alteridad que signa al sofista en el diálogo homónimo.

En el prólogo de Sofista, Sócrates advierte la dificultad de precisar quiénes son los verdaderos filósofos en una ciudad en donde estos merodean con las apariencias de políticos, de sofistas y de locos. El filósofo entonces puede aparecer como sofista, pero además, según buscamos mostrar, el sofista puede aparecer como filósofo.

La ciudad funciona como una gran escena teatral donde las multitudes proyectan apariencias engañosas y, en simultaneo, esas mismas multitudes ceden ante dichas apariencias. Ese es el gran riesgo que abre la discusión de nuestro diálogo y su desarrollo termina ofreciendo excepciones y soluciones.

En principio, a diferencia de la multitud que proyecta apariencias de manera deliberada, el Extranjero deja entrever que los diversos aspectos del filósofo se deben a la ‘ignorancia’ o ‘falta de percepción’ (ἄγνοια, 216c5) de esa misma multitud, dado que ese filósofo es un sujeto simple que busca ser y no parecer.

Asimismo, contra los espectadores que se dejan cautivar por las apariencias, el filósofo es capaz de superarlas, desatender los ropajes trágicos, y alcanzar el ἔθος del sujeto observado. Por ejemplo, al ‘contemplar’ (θεάομαι, 254b5) de forma suficiente al sofista, al recorrer el sinuoso camino que va desde lo que aparenta ser a lo que es, el filósofo –como un singular espectador de aquella gran escena teatral– es capaz de notar que, paradójicamente, la esencia de aquel solo remite a sus diversas apariencias.

Los filósofos resultan inmunes a la ἄγνοια de la multitud ya que poseen el antídoto correcto que supone un contacto diáfano con lo real, y son capaces de descubrir al sofista que se encuentra detrás de los ropajes del sabio, mientras que la joven audiencia, presa de la ignorancia e incapaz de superar las apariencias, se mantiene al nivel del personaje interpretado.

Ahora bien, si el filósofo es capaz de descubrir al sofista, al mismo tiempo es el único capaz de identificar a uno de su propia especie. Opaco a la mirada de la multitud que lo confunde con otros, solo un par suyo puede identificar al filósofo, dado que se encuentra a salvo de la ignorancia que causa dicha confusión.

  • No obstante, como veremos en la segunda parte de nuestro trabajo, ese reconocimiento no se da únicamente en el plano de la percepción, sino, sobre todo, en el plano dialógico.
  • La operación platónica supone otorgarle una visión penetrante al filósofo (visión que puede ejercerse a un nivel mundano superando apariencias, pero que está llamada a ser utilizada a un nivel metafísico donde los ojos del alma contemplan lo único que es ) y mantener al sofista preso de una ἄγνοια que lo atrapa tanto a él como a sus discípulos.

Teniendo en cuenta entonces que solo el filósofo puede reconocer a un par suyo y que el sofista comparte, a los ojos de Platón, la ignorancia de su audiencia, no resulta extraño pensar que el sabio emulado por el sofista es, en realidad, el resultado fallido de su intento de imitar al filósofo.

  • Observando a un filósofo, el sofista solo reconoce a un sabio y, al igual que el pintor que representa objetos no como son, sino como le aparecen ( Rep,
  • X 598a), el sofista termina reproduciendo la opinión que tanto él como su audiencia tienen del filósofo.
  • Platón es muy específico al hablar de la producción del sofista y, en ese sentido, incorpora el concepto de φάντασμα con el fin de poner en evidencia los rasgos distintivos de esa particular imagen que proyectada; a saber: su desatención de las proporciones del original imitado, su adecuación al punto de vista del espectador y su pretensión de usurpar el lugar del original imitado.

Es claro que, al considerar esos rasgos de la imagen que ofrece de sí el sofista, Platón tiene en mente un estilo especial de arte difundido en su época, estilo que privilegiaba la mirada del espectador y cuyos exponentes encuentra en la pintura y la escultura.

Sin embargo, hemos intentado demostrar que la disciplina artística que, para el mismo Platón, mejor ilumina el quehacer sofístico es la de la actuación teatral. El sofista imita un mundo de cosas que ya es una imitación, pero además –a diferencia del pintor, del escultor y del poeta– se convierte a sí mismo en otra imitación.

En sus discusiones privadas, ofrece εἴδωλα λεγόμενα de todas las cosas, pero sobre todo se transforma a sí mismo en un εἴδωλον; es un μιμητὴς τῶν ὄντων y, al mismo tiempo, un μιμητὴς τοῦ σοφοῦ. Leyendo de ese modo la caracterización platónica del sofista en el diálogo homónimo, es posible interpretar la serie de definiciones ofrecidas, por un lado, como diversas máscaras por medio de las cuales aquel aparece ante los interlocutores y, por el otro, como un proceso que el Extranjero y Teeteto deben atravesar para superar los ropajes teatrales y alcanzar el ἔργον al que refiere el nombre σοφιστής.

Asimismo, partiendo de la metáfora del sofista-actor, es posible solucionar los problemas implicados por la sexta definición, en la medida en que en ella el sofista emerge con la máscara de un Sócrates refutador, aludiendo así a la escena cómica, donde esa fusión entre Sócrates y el sofista se condensó, reforzó y mantuvo en la memoria de los atenienses.

A lo largo de la primera parte de este trabajo, estudiamos toda una serie de semas y variables propias del mundo actoral que Platón incorpora para reforzar una metáfora que, en lo esencial, se sostiene en lo siguiente: tanto el actor como el sofista, a través de su cuerpo y de su voz, juegan a ser otros frente a un grupo de espectadores.

  • Mientras que las diversas apariencias del filósofo se deben a la ignorancia de la multitud –dado que él es un sujeto simple que busca ser y no parecer–, el sofista proyecta intencional y perpetuamente el simulacro de otro, el sabio.
  • Por ello, el sofista es la otredad.
  • Pero al igual que el actor y a diferencia del guardián de República (a quien se le permitía imitar buenos modelos dado que estos se infiltraban en su ἔθος), el sofista no se convierte en el personaje que imita.

Su μίμησις se caracteriza por una absoluta exterioridad que se mantiene siempre al nivel del σχῆμα, del σῶμα y de la φωνή. Ahora bien, si de recursos actorales se trata, en el centro de ellos se encuentra ese cuerpo que, en simultáneo, acerca al actor y aleja al filósofo del sofista.

  • Según sugiere Nightingale, los filósofos del siglo IV suponían que la θεωρία era una actividad no-productiva, libre y noble opuesta a las actividades manuales y serviles de los artesanos, en cuyo marco podríamos situar los quehaceres sofísticos.
  • En nuestro diálogo, el sofista es incluido específicamente en la órbita de la técnica productiva, la de los agricultores y manufactureros, la de aquellos que cuidan los cuerpos y la de los imitadores (219a-b).

El sofista es presentado como un sujeto que produce con una técnica mimética, mientras que el filósofo –en una actividad no-productiva, pero activa– es aquel que adquiere o conoce por medio de la θεωρία, En el diálogo Gorgias, Sócrates sostenía que la cosmética es a la gimnasia, lo que la sofística a la legislación, debido a que los sofistas engañan con σχήματα, colores, pulimentos y vestidos con el fin de ocultarse y usurpar el lugar de la legislación ( Gorg.464a-465c).

  • Al igual que ocurre con el actor teatral, los soportes fundamentales a partir de los cuales el sofista despliega sus prodigios son el cuerpo y la voz.
  • Manipulando las fachadas del primero y emitiendo determinadas «imágenes habladas», los sofistas logran que su particular audiencia caiga seducida y persuadida.

Contrariamente, el filósofo –tal como Platón sugiere en Fedón – se aparta de los cuidados y embellecimientos del cuerpo y considera una purificación la liberación del σῶμα, una prisión para el alma ( Fed.64c-68b). El centro neurálgico de la actividad de ese filósofo es el alma, razón por la cual Sócrates sostiene que él contempla lo que debe contemplarse solo con los ojos de la ψυχή.

  1. En suma, si el gesto esencial del sofista supone la producción mimética de apariencias inscriptas en su cuerpo, el gesto propio del filósofo supone la contemplación del ser y la verdad a través de su alma.
  2. Las apariencias proyectas por el sofista no tendrían sentido sin un público, pues así como no hay actor sin audiencia, no hay sofistas sin discípulos.

La fórmula final que presenta al sofista como un imitador del sabio solo cobra sentido si frente a él aparece un joven ávido de las enseñanzas de ese sabio. El sofista hace las veces de sabio en un espacio privado (como el actor se convierte en personaje sobre la escena teatral) con el objeto específico de conquistar la voluntad de futuros discípulos (al igual que el actor intenta cautivar a sus espectadores).

Asimismo, Platón entiende que ambas audiencias multitudinarias –la del teatro y la del sofista– se encuentran presas de una aguda ἄγνοια. Platón estaría de acuerdo con el diagnóstico del demagogo Cleón, quien habría cuestionado al pueblo ateniense por parecerse a «espectadores sentados delante de sofistas (σοφιστῶν θεαταῖς καθημένοις)» ( Tuc.

III 38, 7.), a espectadores pasivos, serviles, que no deliberan y no se comprometen con los asuntos de la ciudad. Claro está que, para Platón, existe un singular espectador que no solo está a salvo de aquella ἄγνοια, sino que además ejerce una contemplación activa.

El filósofo representa una alternativa superadora a cualquier otro tipo de contemplación, en la medida en que posee el antídoto correcto (aquel que implicaba un contacto diáfano con lo real) y se encuentra en pleno ejercicio de un ‘volverse’ (περιαγωγή, Rep. VII 521d6) del alma que nunca es unidireccional: su mirada recorre, de forma incesante, el camino que va desde el devenir hacia la esencia y viceversa.

A lo largo de esta primera parte, hemos visto que Platón gestiona metafóricamente la diferencia entre el sofista y el filósofo alrededor de dos conceptos: el de μίμησις y el de θεωρία; apuntando al filósofo y al sofista, decide tensar el arco de su definición hasta el límite del espectador y del actor.

Si bien el filósofo no es un espectador y el sofista no es un actor, ambas figuras permiten, a los ojos de Platón, no solo iluminar los gestos esenciales de sus quehaceres, sino que además, al estar inscriptas en un mismo ámbito, habilitan su contraposición. El fenómeno teatral constituyó para Platón un observatorio privilegiado del cruce de los conceptos de μίμησις y θεωρία y, en ese sentido, mientras que los filósofos emergen provistos de una θεωρία que ejercen a nivel mundano y metafísico, los sofistas permanecen atados a los mecanismos de una mala μίμησις que utilizan para aparecer como otros, es decir como los sabios que no son,

Teniendo en cuenta esa idea medular de la praxis sofística, a continuación, buscaremos iluminar la significación que, a nuestro entender, adquiere esa alteridad y esa negación en el marco general de Sofista, no sin antes preguntarnos por los objetivos generales que parecen perseguirse en esa obra tardía de Platón.